Hace apenas unos años parecía relativamente sencillo imaginar el futuro de la movilidad: los vehículos eléctricos sustituirían progresivamente a los motores de combustión y, con el tiempo, hablar de gasolina o gasóleo pertenecería al pasado.
La realidad está resultando bastante más compleja.
La electrificación avanza, pero también evolucionan los combustibles renovables, el hidrógeno continúa buscando aplicaciones adecuadas, el GLP mantiene presencia en determinados vehículos y millones de motores de combustión seguirán formando parte del parque móvil durante años.
Por eso, dentro de diez años probablemente seguiremos utilizando combustibles.
La cuestión interesante es cuáles, para qué y en qué cantidad.

Un parque móvil no se transforma de un día para otro
Los cambios tecnológicos pueden avanzar rápidamente, pero sustituir millones de automóviles, furgonetas, camiones y máquinas requiere mucho más tiempo.
Cada vehículo tiene una vida útil y responde a una necesidad diferente. Una persona que utiliza un turismo para desplazamientos urbanos puede encontrar alternativas que no resultan igualmente adecuadas para un transportista, una explotación agrícola o una empresa que trabaja con maquinaria pesada.
Además, la transformación no depende únicamente del vehículo.
Hace falta infraestructura para producir, transportar, almacenar, suministrar o recargar la energía que utilizará. También son necesarias inversiones y una disponibilidad suficiente para que cada tecnología pueda funcionar a gran escala.
Cambiar la movilidad significa transformar simultáneamente vehículos, energía, infraestructuras y hábitos. Ninguno de esos elementos evoluciona de manera aislada.
Por eso es razonable pensar en una transición progresiva y diversa.
La electricidad tendrá mucho más protagonismo
Dentro de diez años habrá previsiblemente más vehículos eléctricos que hoy y una infraestructura de recarga considerablemente mayor.
Para numerosos desplazamientos, especialmente aquellos que permiten una recarga previsible, la electricidad ofrece una alternativa capaz de reducir la dependencia directa de combustibles líquidos.
Las empresas también irán electrificando parte de sus flotas cuando las características de los vehículos, las rutas y los tiempos de trabajo lo permitan.
Pero aumentar el protagonismo de la electricidad no significa necesariamente eliminar todas las demás fuentes de energía.
Habrá actividades donde el peso transportado, las distancias, los tiempos de parada, la maquinaria utilizada o la infraestructura disponible hagan necesario mantener otras soluciones durante más tiempo.
Los combustibles también pueden cambiar
A menudo imaginamos la transición energética como una sustitución de motores: retirar uno de combustión y colocar otro eléctrico.
Pero existe otra posibilidad complementaria: transformar aquello que utilizan los motores que continúan funcionando.
Los combustibles renovables son un ejemplo.
Alternativas como el HVO pueden utilizarse en determinados motores diésel compatibles y permiten plantear reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero consideradas a lo largo de su ciclo de vida, dependiendo de las materias primas y procesos empleados.
El desarrollo de biocombustibles avanzados puede ampliar esta vía durante los próximos años.
Esto resulta especialmente relevante porque permite abordar parte de las emisiones del parque existente mientras continúa su renovación.
No todos los sectores avanzarán al mismo ritmo
Hablar del «futuro del automóvil» puede hacernos olvidar que una parte enorme del consumo energético asociado a la movilidad y al trabajo no corresponde únicamente a turismos.
Camiones, vehículos comerciales, tractores, maquinaria de construcción, equipos industriales y grupos electrógenos plantean necesidades muy diferentes.
| Ámbito | Posible evolución |
|---|---|
| Turismo urbano | Mayor electrificación y diversidad de alternativas |
| Vehículos comerciales | Combinación de tecnologías según rutas y autonomía |
| Transporte pesado | Electrificación, combustibles renovables y otras soluciones |
| Agricultura | Evolución progresiva de combustibles y maquinaria |
| Construcción e industria | Diferentes tecnologías según potencia y utilización |
| Equipos auxiliares | Adaptación según autonomía e infraestructura disponible |
No se trata de determinar hoy qué tecnología ganará en cada categoría, sino de entender que una única respuesta difícilmente resolverá todas las necesidades.
Las estaciones de servicio seguirán transformándose
Si dentro de diez años utilizamos más tipos de energía, también cambiarán los lugares donde nos abastecemos de ella.
Las estaciones ya han empezado esa transformación. Algunas combinan diferentes carburantes, Autogás GLP y nuevos servicios, mientras la recarga eléctrica se incorpora progresivamente a distintos puntos relacionados con la movilidad.
Durante los próximos años podremos encontrar instalaciones donde convivan soluciones diferentes.
También puede cambiar la propia experiencia de la parada. El tiempo necesario para repostar un combustible líquido no es el mismo que puede requerir una recarga eléctrica, lo que abre nuevas oportunidades para tiendas, restauración, descanso y otros servicios.
La estación de servicio puede evolucionar hacia un espacio donde la energía sea una parte importante, pero no la única razón para detenerse.

Las empresas necesitarán flexibilidad
Para una empresa, elegir cómo alimentar sus vehículos o maquinaria será cada vez menos una decisión automática.
Habrá que valorar inversión, consumo, autonomía, disponibilidad energética, infraestructura, mantenimiento y evolución de la propia actividad.
Una flota tampoco tendrá necesariamente que utilizar una única tecnología.
Algunas empresas pueden electrificar determinados vehículos mientras mantienen otros con motores de combustión. Otras podrán incorporar combustibles renovables cuando sean compatibles y estén disponibles. Y algunas actividades continuarán necesitando durante más tiempo los carburantes tradicionales.
La transición energética empresarial será probablemente una cuestión de adaptación progresiva, no de sustitución inmediata.
Diez años son mucho tiempo. Y no tanto
En una década pueden producirse cambios tecnológicos enormes. Basta observar cómo han evolucionado los vehículos eléctricos, las baterías o las energías renovables durante los últimos años.
Pero diez años también representan una parte relativamente pequeña de la vida de muchas infraestructuras, vehículos industriales e instalaciones energéticas.
Lo que construimos y compramos hoy seguirá funcionando en buena parte de la próxima década.
Por eso, el desafío consiste en avanzar hacia soluciones con menor impacto sin perder de vista las necesidades reales de movilidad, producción y trabajo.
El futuro energético probablemente no estará definido por una única tecnología, sino por nuestra capacidad para utilizar mejor diferentes tecnologías allí donde resulten más adecuadas.
Seguiremos necesitando energía para movernos
La movilidad cambiará. Los vehículos cambiarán. También lo harán los combustibles, las estaciones de servicio y la manera en que empresas y particulares gestionan su energía.
Para Distribuciones Alcopeña, una empresa vinculada históricamente al suministro, almacenamiento y distribución de combustibles, esta transformación no es una conversación ajena. Afecta directamente al sector en el que desarrolla su actividad.
Prepararse para el futuro no significa saber exactamente qué combustible utilizaremos dentro de diez años.
Significa entender que las necesidades energéticas seguirán existiendo y que habrá que responder a ellas con soluciones cada vez más diversas.
Dentro de diez años probablemente seguiremos utilizando combustibles.
Pero posiblemente no hablaremos de ellos de la misma manera que hoy.
